Aprender de la ansiedad ofreciendo una charla sobre ansiedad
Steven Hayes, uno de los psicólogos más relevantes de la actualidad, es el creador de la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), que tiene su base experimental en la Teoría de los Marcos Relacionales. A comienzos de 2017 ofreció una charla para la plataforma TEDx, titulada: “Flexibilidad psicológica: cómo el amor convierte el dolor en propósito”
En la charla, regresa 34 años atrás, época en la que estando en pleno ejercicio de la psicología, desarrolló un trastorno de pánico provocado por los enfrentamientos verbales y físicos de sus padres cuando era un niño. Hayes extrae tres enseñanzas sobre la ansiedad, que expone a través del siguiente relato.
Lo que aprendí de la ansiedad ofreciendo una charla sobre la ansiedad
Durante los últimos años, esta fue la charla que más temí: estar delante de un millar de personas hablando de mi historia de trastorno de pánico y su relación con la violencia doméstica que vi en mi casa cuando era un pequeño. Fue una de las cosas más difíciles que he hecho, y aprendí algo importante.
En primer lugar, algunos antecedentes. Hace 34 años, en la cima de una lucha de tres años con el trastorno de pánico, me senté en una alfombra de color marrón y dorado a las dos de la mañana, fue cuando “toqué fondo”, como se dice popularmente. No vi ninguna salida y lancé en ese momento un grito extraño, de pesadilla. Luego, pocos minutos más tarde, se abrió una puerta, y en lugar de encontrar una salida, encontré una forma de entrar. Mi vida, entonces, adquirió un carácter completamente diferente.
Lo que aprendí esa noche me llevó a dedicar mi carrera a explorar el concepto de Flexibilidad Psicológica y a desarrollar una forma de tratamiento –la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT)– para ayudar a enseñarla. Podría pensarse que el trabajo de toda una carrera me habría facilitado compartir esta experiencia con el público, pero no fue así. Estaba lleno de ansiedad, y no sólo eso, también me sentí triste y abrumado.
1. El tiempo no cura todas las cosas, simplemente las cubre.
Estaba decidido no sólo a contar una historia. Quería volver a ese mismo momento, cuando “toqué fondo”, no hablando de ello, sino volviendo ahí. No había oído ese grito ni había hecho ese sonido extraño en 34 años … pero podía oírlo en mi mente. Había algo casi sagrado al respecto, fue el punto crucial de toda mi vida.
No quería mancillar el momento practicándolo como si fuera una actuación, así que quité el grito de la práctica de la charla. Haría ese grito una vez más en mi vida, y sólo una vez más. Quería que el público sintiera lo que es para un ser humano “tocar fondo” y no tener a dónde ir.
Una cosa es planificarlo, y otra, hacerlo. Cuando llegó el momento de la charla y de emitir el grito, sentí que el horror de ese momento se apoderaba de mí como un «devorador de la muerte». Mis desórdenes interiores me hablaban exactamente del crudo dolor de regresar a mi historia de trastorno de pánico, independientemente de cuántos años habían pasado.
2. Bajo la ansiedad hay algo aún más difícil, y no es suficiente con sólo saberlo.
Aproximadamente 10 minutos antes de ir detrás de escena, pregunté a mi esposa si podría compartir algunos momentos privados con ella. «Creo que veo algo importante» dije. “No es la ansiedad de esta charla lo que me da miedo”. Ella me miró con curiosidad, ya que me había visto preparando esta charla durante meses. «Es que temo que lloraré tan fuerte que no seré capaz de dar la charla en absoluto». Ella me abrazó fuerte. «Incluso eso» susurró «estaría bien».
En la charla conté la historia de cómo ese momento en la alfombra de color marrón y dorado me llevó a un recuerdo de hace mucho tiempo, cuando niño, en el que estaba bajo la cama mientras mis padres peleaban violentamente en la otra habitación, y decidí «¡Voy a hacer algo!”. Yo había visto a mi hermano mayor, Greg, que casi recibe un golpe tratando de defender a mi madre. Esa noche, sabiamente decidí no intervenir, pero sólo para quedarme seguro bajo la cama, llorando.
Ahora iba a contar esa historia, completa y abiertamente. Ensayando la charla, lloraba casi todas las veces en las que narraba esa parte. Imaginando a más de mil personas que pronto me estarían escuchando, me preguntaba si era posible visitar el trauma y la tristeza de la violencia doméstica y seguir dando la charla que había planeado.
Antes de que mi esposa y yo nos separásemos para dirigirme detrás del escenario, le dije suavemente: «Creo que tengo que trabajar sobre ese trauma.»
Sé lo que hago. Hace tiempo que sé que el trauma está debajo de mi ansiedad, toda la charla estaba basada en eso. Pero esta charla me llevó a sacudir mis fundamentos, haciéndome saber de una manera emocional que tengo más trabajo que hacer.
Todavía no sé cómo lo haré, pero mi intención es caminar de alguna manera dentro de esa tristeza con los brazos abiertos y abrazar a ese niño pequeño traumatizado mientras escucho lo que tiene que decir.
3. Volver al dolor y al sufrimiento de una manera amorosa es una condición previa para volver hacia el significado y el propósito.
El contenido de mi charla era acerca de todo esto, y dar la charla, en sí mismo, también era todo. Mientras caminaba entre bastidores, abrí mi computadora e hice algunas notas rápidas, momentos antes de que me pusieran el micrófono. Lo hice con la esperanza de llevar esos pensamientos a la experiencia de dar la charla.
Aquí está parte de lo que escribí, que espero explique lo que quiero decir:
“Esto no es para ti, esto es para otros. Deja que tu historia salga al mundo. Está bien si hay mucha tristeza. Concéntrate en el sufrimiento en la habitación y en el mundo; estar, traer lo que tienes que dar, y darlo.”
Y en general, llevé estos pensamientos a la charla. Toqué el dolor y el sufrimiento a propósito: el terror de un hombre de 33 años que estaba perdiendo su capacidad para funcionar; la tristeza y el horror de un niño viendo a sus padres hacer lo mismo, y eso, en sí, era significativo.
Volver hacia el dolor y el sufrimiento como un acto de bondad amorosa, es capaz de traer amor y significado al mundo. Promover ese tipo de flexibilidad psicológica a través de la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) es el trabajo de mi vida. ACT es una de las formas más investigadas de la atención plena y la psicoterapia basada en la aceptación, con cerca de 200 ensayos aleatorios y cientos de estudios de otros tipos. Sabemos que hay sustancia científica en el trabajo.
Se pensaría que 34 años es tiempo suficiente para volver a visitar ese momento fácilmente. No fue así. Al descubrir esto, esa noche re-aprendí la lección básica de la alfombra hace 34 años: la ansiedad no es nuestro enemigo. Lo que sabemos acerca del sufrimiento nos ayuda a ver el sufrimiento que hay en otros; tomando el tiempo para estar presentes con nosotros mismos nos permite centrarnos en lo que tenemos que dar, y hacer todo lo posible para darlo.
Adaptado al español desde psychologytoday.com
